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Viajesthe-shaker: that blog/flickr/multimedia-aggregator kind of thingtomoa/imag/ed/hombre65x65.pnghttp://tomoa.lacoctelera.net/post/2005/06/09/rostros-mujerRostros de mujer2005-06-09T15:30:49+00:002009-12-11T00:38:17+00:00
<p>Un rostro opaco de una mujer lúgubre, era lo que estaba dibujando Chaverra cuando fue descubierto por el profesor de matemáticas. Segundos después se hallaba en la sala de profesores donde acababa de abrirse un juicio en su contra y donde salían de todos los rincones frases acusadoras, lanzadas con la furia que solo puede dar el agotamiento de más de 20 años de trabajo: “Está acabando con la disciplina de 11” “Se las quiere tirar de payaso” “Es de los que tiran la piedra y esconden la mano”, “Ni siquiera trae cuadernos”, “es insolente e irrespetuoso”, eran entre otras las cosas que se decían, mientras Chaverra miraba decepcionado como el rostro de aquella mujer fría fue a dar al viejo libro de matemáticas.</p>
<p>“Van dos veces que lo hallo en las mismas, la tercera vez que lo encuentre haciendo cosas distintas a la materia lo mano para el consejo directivo” aseveró Santiago, un hombre de 55 años que llevaba 5 amenazando con que iba a retirarse.</p>
<p>Chaverra, una silueta más entre sus 48 contemporáneos, con una figura minúscula que ocultaba sus 17 años, solía sentarse en la última silla del salón donde no lo alcanzasen las miradas, las palabras, los reclamos.</p>
<p>Su nombre era popular en todos los grados, su record de entradas a rectoría y su forma particular de responder a los llamados de atención de los profesores, hacía que tuviera tantos adeptos como contradictores; los unos le aplaudían salvarlos del tedio, los otros le achacaban la mala fama que había cogido el grupo.</p>
<p>La presentación de la nueva maestra de ética se vio opacada por un discurso de Chaverra que hablaba de la inutilidad de la ética, de la doble moral de los profesores de ésta materia y de lo anti ético que se veía un profesor de ética dando clase con una pinta poco estética.</p>
<p>Ante la mirada burlesca de sus compañeros, laura agradeció el aporte de Chaverra y con una sutil indiferencia procedió a hablar de la ética como una postura de vida.<br />
Chaverra optó por no seguir escuchando; pensó que nadie debía enseñarle a nadie como vivir la vida y menos en un salón de clases, y trató de recuperar en su mente la mirada de aquella mujer, que tuvo que dejar a medio camino por culpa del profesor de matemáticas. Laura inició la clase con una pregunta que atravesó de lado al lado el tablero y de norte a sur la existencia de Chaverra. ¿Qué le da sentido a tu vida?<br />
Dejó por un instante a aquella mujer sin rostro y empezó a pensar si habían cosas que le dieran sentido a su vida.</p>
<p>Dejó por un instante a aquella mujer sin rostro para pensar si había cosas que le dieran sentido a su vida. No sería su padre, un fantasma que lo había abandonado a los cuatro años. No sería su madre, una mujer cuya única preocupación era que llegar pulcro al colegio sin indagar por el estado de su alma. No era ningún amor ya que hasta ese día ninguna mujer lo había tomado en serio y sus dos últimas declaraciones generaron tanta risa como sus apuntes en mitad de clase. No serían sus amigos con quienes descubrió el cielo pero también el infierno, en aquellas tardes de hastío cuando se anestesiaban para aguantar el mundo. Pudo ver su desconcierto cuando descubrió que su vida la había cifrado en el resentimiento: Estaba resentido con una pobreza que lo parió y lo albergó durante sus 17 años, con un padre que lo olvidó llevándose su derecho a seguir siendo un niño, con una madre que lo sometió a una profunda orfandad femenina, con la risa de sus amores imposibles, con sus amigos que le recordaban lo solo que se encontraba. Si. Tal vez con lo que más resentido estaba era con esa soledad que lo patiaba tras esa cara de “Payaso barato” como había sido llamado días antes por el profesor de matemáticas.<br />
Se detuvo unos instantes en laura quien aseguraba que no tenía la intención de venir a enseñarle nada nuevo, pero Chaverra logró ver en su rostro a un ser que se sentía plenamente conforme con la vida. La vida no parecía adeudarle nada a Laura.</p>
<p>Sintió una emoción interior cuando escuchó a la maestra que para la próxima clase podrían traer algo que realmente los apasionara; quizás había llegado el momento de que alguien descubriera ese universo femenino que celosamente guardaba en el cajón del nochero más antiguo de su casa.</p>
<p>Rostros de mujeres voraces, etéreas, simples, compasivas, silenciosas, ingenuas, ardientes, parcas, místicas, impías, disidentes, oscuras, inertes, lujuriosas, amargas, perversas. Mujeres creadas para matar la monotonía, para hacerlo sentir vivo, para no estar solo, para no morir.</p>
<p>Los martes, la clase de ética era a la tercera hora, justo antes del descanso. Chaverra estaba impaciente por hacer cómplice a Laura de lo que le robaba su atención en clases, especialmente en matemáticas. Por un minuto sintió que a su compendio de mujeres algo le faltaba; pareciendo laura una mujer tan maternal, se percataría ahí mismo de la ausencia de mujeres maternales en aquella colección, fue así como quiso sorprenderla pintando su rostro en medio de aquellas mujeres sin nombre.</p>
<p>Sin levantar la cabeza Chaverra vio como violentamente le arrebataron su cuartel de mujeres. Bastó un solo portazo para volver a sentir el vacío interior que lo acompañaba desde los cuatro años.</p>
<p>Por violación sistemática al manual de convivencia y el no cumplimiento de un contrato pedagógico firmado ocho meses antes, Chaverra debía terminar por disposición del consejo directivo, el año fuera del colegio. Su diario de mujeres subversivas debía quedarse decomisado junto al radio, el material pornográfico y las navajas.<br />
En aquel momento, todos aquellos rostros hacían parte de la misma mujer, tal vez de su madre un rostro amorfo y ausente, provocador de su melancolía cotidiana. Tal vez de todas esas mujeres que no habían entrado todavía a su vida y que le producían miedo; su abandono le dolió tanto, como no poder volver a estar sentado en la última silla del salón en las clases de ética. </p>
<p>Gilma Montoya Gómez</p>
<p>Licenciada en Historia y Filosofía de la Universidad Autónoma Latinoamericana, Abogada de la Universidad de Antioquia y Especialista en Desarrollo Humano de la Universidad El Bosque. Fue parte del Taller de Escritores de la Biblioteca Pública Piloto, dirigido por el escritor Jairo Morales Henao. En la actualidad tiene un libro inédito de cuentos.
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tomoa/imag/ed/hombre65x65.pnghttp://tomoa.lacoctelera.net/post/2005/06/07/rostros-mujerRostros de mujer2005-06-07T08:12:34+00:002007-11-06T06:36:56+00:00tomoa/imag/ed/hombre65x65.pnghttp://tomoa.lacoctelera.net/post/2005/06/02/aqui-estuvevi-y-publiqueaqui estuve...vi y no publique2005-06-02T07:37:48+00:002007-11-06T06:36:46+00:00